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In memoriam: Jimmie Holland 1928-2017

Autor
Daniela Rojas
Daniela Rojas
Categoría
medicina
cáncer
psicología
psicooncología
Fecha de Publicación
2018/01/04
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La noche del 24 de diciembre recién pasado, falleció a los 89 años la psiquiatra estadounidense Jimmie Holland, una de las fundadoras de la psicooncología en el mundo.
En el año 1977 creó el Servicio de Psiquiatría en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center, pionero en el área, para dar respuestas a las múltiples necesidades psicosociales de las personas con enfermedades oncológicas. Este servicio también se convirtió en una instancia de formación para muchos profesionales de la salud mental que se interesaban en el emergente campo.
El interés de Holland por los aspectos emocionales asociados al diagnóstico del cáncer, sus tratamientos e implicancias, comenzó a principios de la década de 1970 en conversaciones con su esposo James Holland, médico oncólogo que tuvo un importante rol en el desarrollo de la quimioterapia. Discutiendo sobre diversos casos, quedó en evidencia que el foco del tratamiento contra el cáncer se centraba casi exclusivamente en observar a la persona como un órgano enfermo: había que encontrar el tumor, extirparlo y utilizar todos los medios posibles para prolongar la vida. Sin embargo, había muy poca conciencia de lo que significaba para las personas el vivir esta crisis.
Holland entendió algo que hoy es casi un cliché: cuando alguien vive con cáncer, no es solo esa persona quien está enferma, sino todo su círculo más cercano. Son familias enteras que se ven obligadas a reorganizar sus rutinas, a enfrentarse con la fragilidad de la vida, con la vulnerabilidad de la biología, con los cambios físicos que implican los tratamientos en el paciente. Muchas veces se minimizan los efectos secundarios de las terapias (pérdida de mamas, caída del cabello, debilidad física...) comparándolos con el hecho de que se ha prolongado la vida, pero estos efectos van generando múltiples duelos en la persona y su familia.
Es por ello que hoy un tratamiento integral contra el cáncer debe considerar todos estos aspectos. No solo por la calidad de vida del paciente y su familia (que es un bien en sí mismo), sino también porque cuando el impacto supera las capacidades de enfrentamiento del paciente y su entorno, puede haber claudicación de los familiares y abandono del tratamiento (que puede decantarse por tratamientos «alternativos», cuya efectividad es cuando menos cuestionable), poniendo en riesgo de manera sustancial el pronóstico de la enfermedad.
Es así como en 1980, Holland formó la American Psychosocial Oncology Society y fue cofundadora de la International Psycho-Oncology Society (IPOS) en 1984. Durante sus años en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center creó el programa de formación e investigación en psicooncología más grande de los Estados Unidos. En la misma década también desarrolló el primer plan de estudios en psicooncología y fue editora principal del primer libro sobre la materia. También fue una de las principales responsables de que se incluyera la investigación psicosocial en oncología, en la American Cancer Society (ACS) y recibió por parte de la misma organización la Medalla de Honor para la Investigación Clínica en 1994.
Entre muchos otros reconocimientos, también recibió la Mención Presidencial de la Asociación Americana de Psiquiatría en el año 2000 (1).
Ese mismo año publicó su libro The Human Side of Cancer, donde ya realizaba una mirada crítica respecto a las exigencias sociales hacia los pacientes oncológicos. Una de sus reflexiones más importantes se refiere al mandato de «pensar positivo» que se le impone a quienes padecen esta enfermedad. Holland explicó que esta imposición social termina siendo una «tiranía» sobre quienes viven la enfermedad (2).
Es por ello que su legado sigue hoy más vigente que nunca. En esta época en que las enfermedades son un espectáculo mediático, se ha instalado en el sentido común que para «enfrentar» el cáncer se debe tener una actitud y emociones «positivas». Pero en la práctica, esto termina siendo un motivo de estrés tanto para quienes viven con la enfermedad como para quienes les rodean. Y es por ello que la psicooncología puede jugar un rol decisivo en mejorar la calidad de vida de las personas que padecen cáncer y de su grupo familiar, apoyando así el proceso de adaptación a la enfermedad y sus tratamientos, y la adhesión a los mismos.
Hasta siempre, Jimmie. Gracias por ampliar nuestra perspectiva sobre las enfermedades y brindarnos nuevas herramientas para tratar y acompañar de mejor manera a quienes enferman de cáncer.

Referencias

1.
New York Times (28 de diciembre de 2017) http://www.legacy.com/obituaries/nytimes/obituary.aspx?n=jimmie-holland&pid=187651655
2.
Holland, J. C., & Lewis, S. (2000). The Human Side of Cancer: Living With Hope, Coping With Uncertainty (p. 340). New York: HarperCollins.

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